Son las 20:30 y estoy en mi escritorio. Frente a mí, dos computadoras. En una acomodo algunos archivos de trabajo mientras en la otra escucho una clase de sistemas embebidos. Repentinamente recuerdo que tengo que volver a quemar una imagen de Raspberry OS en la microSD que veo apoyada en el cuaderno de notas. Para eso, debo encender la MacBook, pero en el escritorio ya no tengo lugar. Así que la apoyo sobre la mesa del comedor. La enciendo. De fondo, el profesor explica cómo dividir una frecuencia y por qué es importante. Todavía no me bañé.
Se suele culpar a la tecnología por la dispersión o la falta de atención. Sin embargo, hace una hora que no toco mi teléfono. Y eliminé mis redes sociales.
Pienso que nuestra propia identidad está fragmentada. Y la dispersión es una consecuencia de un overlapping entre esas identidades múltiples. Mientras soy estudiante debo además ser trabajador. Y ello sin olvidar que además deseo conservar algún pasatiempo y no fallarle a mi pareja, porque además soy novio.
Estamos estudiando, y nuestro jefe nos manda un WhatsApp: que no olvidemos que mañana etc. Estamos cenando, y nos llega una notificación de Moodle: se subió nuevo material al campus virtual.